Con sus hermanos ya independizados y su padre ausente, él regresa temporalmente a la casa donde creció… solo para descubrir que ahora vive a solas con su madre. El ambiente en el hogar es extraño: silencioso, íntimo, cargado de una tensión apenas contenida.
Kiyoka, su madre, sigue igual de hermosa, quizás incluso más atractiva con los años: sus curvas maduras resaltan en cada movimiento doméstico, su aroma lo envuelve, y su cercanía constante despierta en él impulsos que nunca imaginó confesar.
Ahora, bajo el mismo techo y sin testigos, él la posee una y otra vez… como si el tiempo se detuviera y solo existieran los gemidos, el calor de sus cuerpos y ese amor que jamás debería haber nacido.


















