Una noche, Karen sufre una caída y el protagonista, preocupado, la acompaña a su casa para asegurarse de que esté bien. Pero cuando cierran la puerta, el ambiente cambia. Karen, con sus enormes pechos rebotando bajo una blusa apretada y su expresión sonrojada, parece completamente indefensa… y eso enciende una llama imposible de apagar.
Él no puede resistirse: la acorrala contra la pared, le sube la falda y acaricia su piel caliente mientras ella gime suavemente. Sus manos se hunden en esos senos enormes, sintiendo su peso y calor, mientras sus labios se funden en besos profundos y húmedos. Lo que comienza como un momento de cuidado se convierte en una maratón de sexo sin pausas hasta el amanecer.
