REAL-952 The Morals Committee President [Hentai Live Action][Sin Censura] Online

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REAL-952 The Morals Committee President, Who Had A Strong Sense Of Justice, Warned Against Bullying In Her Class, But Her Spirit Was Broken By A Group Of Bullies Who Gang-raped Her To The Point Of No Return. Miyu Aizawa

Miyu era la presidenta del comité de disciplina del instituto, una chica de mirada firme y sentido de justicia inquebrantable. Siempre impecable en su uniforme, con el cabello recogido y una postura que imponía respeto, se había propuesto erradicar cualquier forma de acoso en su clase. Cuando notó que un compañero tímido, Maeda, era el blanco constante de un grupo de chicos problemáticos, no dudó en intervenir. Los confrontó directamente en el aula, con voz clara y autoritaria, advirtiéndoles que sus acciones tendrían consecuencias graves si no paraban de inmediato.
Al principio, los acosadores se limitaron a burlas y miradas desafiantes, pero la advertencia de Miyu solo avivó su resentimiento. Decidieron que ella misma debía pagar por meterse donde no la llamaban. Poco a poco, comenzaron a aislarla: le enviaban mensajes anónimos, le dejaban notas humillantes en su casillero y la seguían por los pasillos del colegio. Miyu intentaba mantener la compostura, pero el acoso se volvía más insistente cada día.
Una tarde, después de clases, la acorralaron en un aula vacía. Al principio solo palabras groseras y empujones, pero pronto las manos empezaron a tocarla sin permiso. Intentó resistirse con fuerza, gritando que se apartaran, pero eran demasiados. La sujetaron contra el escritorio, le arrancaron la blusa y la falda, exponiendo su cuerpo tembloroso. Uno tras otro, la obligaron a abrir las piernas mientras se turnaban para penetrarla con rudeza, embistiéndola sin piedad mientras ella lloraba y suplicaba que pararan. Cada uno descargaba su deseo dentro de ella, llenándola una y otra vez con su semen caliente, hasta que su interior quedó empapado y goteante.
No contentos con eso, la llevaron a otros lugares: el baño del colegio, el almacén de materiales, incluso la azotea al atardecer. Allí la ponían de rodillas para que usara su boca en varios al mismo tiempo, obligándola a tragar mientras otros la tomaban por detrás, alternando posiciones donde la sostenían en el aire o la inclinaban sobre una barandilla. Miyu sentía cómo su cuerpo traicionaba su voluntad; el dolor inicial se mezclaba con sensaciones involuntarias que la avergonzaban profundamente. Sus gemidos de protesta se convertían en jadeos entrecortados, y aunque su mente gritaba que no quería, su intimidad respondía humedeciéndose más con cada intrusión.
Los días se convirtieron en semanas. La grababan con sus teléfonos, amenazándola con difundir los videos si hablaba. Maeda, el chico al que había intentado proteger, terminó uniéndose al grupo por miedo o por presión, traicionándola al sujetarla mientras los demás la usaban. Miyu perdió la cuenta de cuántas veces la penetraron en grupo, cuántas cargas internas recibió, cómo su vientre se hinchaba ligeramente por la cantidad acumulada. Su espíritu, antes tan fuerte, se fue quebrando: ya no luchaba tanto, su mirada se volvía vacía, y en ocasiones incluso se dejaba llevar por el placer forzado, moviendo las caderas instintivamente para recibir más.