Gaki ni Modotte Yarinaoshi!!! [02/¿?][Subtitulado en Español][Descarga Mega y Mediafire] Online
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Gaki ni Modotte Yarinaoshi!!!
En una vida marcada por el sufrimiento constante, Boku cargaba con heridas profundas causadas por las mujeres que lo rodearon desde niño. El acoso diario lo había convertido en un ser retraído, incapaz de relacionarse con el sexo opuesto. Un día, recibió la invitación a la boda de Kasumi, aquella amiga de su hermana por la que una vez sintió un deseo inocente. Verla feliz, rodeada de una vida plena, mientras él permanecía estancado en el pasado, desató un anhelo desesperado: volver atrás y empezar de nuevo.
De pronto, un milagro inexplicable ocurrió. Su cuerpo y mente regresaron a la etapa de un niño de primaria, pero conservando toda la experiencia y la rabia acumulada de un adulto. Ahora, con la sabiduría de los años y el cuerpo pequeño que nadie tomaría en serio, Boku decidió cobrarse cada humillación.
La primera en cruzar su camino fue Sera Narumiya, su vecina de antaño, una chica de piel bronceada y curvas prominentes que siempre lo había atormentado con burlas crueles. Al verla sola en el parque después de la escuela, se acercó con una sonrisa inocente. Ella, confiada en su superioridad, lo invitó a jugar. Pero Boku tenía otros planes. La empujó suavemente contra un árbol apartado y, con manos pequeñas pero decididas, levantó su falda escolar. Sus dedos exploraron la suavidad caliente entre sus piernas, sintiendo cómo se humedecía a pesar de la sorpresa en sus ojos.
— ¿Qué haces, enano? —protestó ella, pero su voz tembló cuando él presionó su boca contra la de ella, besándola con la pasión de un hombre adulto.
Pronto, Sera estaba de rodillas en la hierba, sus labios envolviendo la dureza que surgía de su pequeño cuerpo. Boku sujetaba su cabello con fuerza mientras entraba y salía de su boca, gimiendo al sentir la lengua cálida deslizarse por toda su longitud. Las lágrimas de confusión rodaban por las mejillas de la chica, pero su cuerpo respondía con traición: sus pechos grandes subían y bajaban agitados, los pezones endurecidos bajo la blusa.
Sin darle tiempo a reaccionar, la levantó y la colocó contra el tronco, separando sus muslos. Entró en ella de un solo empuje profundo, sintiendo las paredes internas apretarlo con fuerza. Movía las caderas con ritmo implacable, golpeando contra su interior húmedo una y otra vez. Sera gemía sin control, sus uñas clavándose en la corteza mientras él la llenaba por completo. El placer la invadía contra su voluntad; sus piernas temblaban y un líquido caliente brotaba alrededor de la unión de sus cuerpos.
—Esto es solo el comienzo —susurró Boku en su oído, acelerando el vaivén hasta que explotó dentro de ella, derramando su semilla caliente en lo más profundo.
Esa misma tarde, en casa, encontró a su propia hermana mayor cambiando de ropa en su habitación. La puerta entreabierta le permitió ver sus formas maduras: senos pesados y caderas anchas que nunca había notado con ojos infantiles. Entró sigilosamente y, antes de que ella pudiera cubrirse, la abrazó por detrás. Sus manos pequeñas acariciaron aquellos pechos suaves, apretando los pezones hasta hacerla jadear.
— ¿Hermano? ¿Qué…?
No terminó la frase. Boku la giró y la empujó sobre la cama, subiéndose encima con agilidad. Besó su cuello mientras sus dedos bajaban hasta la entrepierna húmeda, frotando en círculos lentos hasta que ella se arqueó de placer. Luego, se posicionó entre sus piernas abiertas y penetró con fuerza, sintiendo cómo su interior lo succionaba. Empujaba con movimientos largos y profundos, cambiando el ángulo para rozar ese punto sensible que la hacía gritar. Su hermana se aferraba a las sábanas, el cuerpo convulsionando en oleadas de éxtasis mientras él la tomaba sin piedad.
Kasumi no escapó. Al día siguiente, en la escuela, la encontró sola en el aula de música. La acorraló contra el piano y, con la excusa de un juego, le subió la falda y la inclinó sobre el instrumento. Sus manos exploraron cada curva, separando sus nalgas para deslizar la lengua por la piel sensible. Kasumi protestaba débilmente, pero pronto sus gemidos llenaron la habitación cuando él la penetró desde atrás, sujetándola por las caderas y embistiendo con furia vengativa. Cada golpe hacía que sus senos rebotaran contra la madera pulida. Boku aceleró hasta que ambos alcanzaron el clímax, su esencia derramándose dentro de ella en chorros calientes.
No se detuvo ahí. Cualquier mujer que alguna vez lo había mirado con desprecio se convirtió en objetivo. Maestras, compañeras de clase, incluso desconocidas en la calle. Usaba su apariencia infantil para acercarse sin sospecha, luego revelaba la mente adulta que las dominaba. Las tomaba en posiciones variadas: contra la pared con una pierna levantada, sobre escritorios con las piernas abiertas de par en par, o sentadas encima de él moviéndose con desesperación mientras él guiaba el ritmo desde abajo.
En una escena especialmente intensa, atrapó a un grupo de tres chicas que lo habían acosado en el pasado. Las llevó a un almacén abandonado y las hizo arrodillarse juntas. Una tras otra, o al mismo tiempo, las penetraba alternando bocas y entradas húmedas, sus cuerpos entrelazados en una maraña de carne sudorosa. Gemidos y sonidos húmedos de piel contra piel llenaban el aire mientras él las llenaba una por una, dejando rastros blancos resbalando por sus muslos.
Con el paso de los días, la venganza se mezclaba con un placer oscuro y adictivo. Boku descubría que el poder de dominar aquellos cuerpos que antes lo humillaban lo excitaba más que nada. Cada encuentro era más salvaje: mordidas en los hombros, uñas arañando espaldas, fluidos mezclándose en sábanas arrugadas. Las mujeres, confundidas entre miedo y éxtasis, terminaban suplicando más, sus mentes quebradas por el contraste entre su tamaño pequeño y la fuerza implacable de sus embestidas.
Al final, cuando el ciclo de revancha parecía cerrarse, Boku se preguntaba si realmente había cambiado o si solo había liberado al monstruo que llevaba dentro. Pero mientras una nueva chica caía rendida bajo su cuerpo, gimiendo su nombre entre jadeos, supo que no había vuelta atrás. El niño que regresó del futuro había encontrado su verdadera forma de sanar: a través del placer absoluto y el control total sobre quienes una vez lo quebraron.
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marzo 24, 2026