CAWD-953 Sensitive, Candy Hips, A Beautiful Butt [Hentai Live Action] Online

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CAWD-953 Sensitive, Candy Hips, A Beautiful Butt That’s Easy To Orgasm, Urano Aiha Kawaii* Newcomer Debut → A Modest Literary Girl Who’s Been In Tokyo For A Year Has A Butt Orgasm In Public

Aiha era una joven tímida y reservada que había llegado a Tokio hacía apenas un año. Provenía de una pequeña ciudad provinciana, donde pasaba las tardes inmersa en novelas clásicas y poemas delicados. Con su apariencia dulce, cabello largo y oscuro que caía con suavidad sobre los hombros, y una figura esbelta pero con curvas pronunciadas en las caderas y los glúteos redondeados y firmes, parecía la típica chica modesta que evitaba las miradas. Vestía faldas largas y blusas discretas, siempre con un libro bajo el brazo, como si el mundo exterior no la tentara.
Pero Aiha guardaba un secreto que ni ella misma comprendía del todo hasta que llegó a la gran ciudad. Sus caderas y glúteos eran extraordinariamente sensibles; un roce casual, una presión ligera o incluso el roce de la tela al caminar en días calurosos podía hacer que su cuerpo se estremeciera de placer inesperado. Al principio lo atribuía al estrés de la adaptación, pero pronto descubrió que era algo más profundo, una zona erógena que la llevaba al borde del éxtasis con facilidad.
Un día, durante un paseo por las calles abarrotadas del centro, un hombre desconocido —alto, de mirada intensa— se acercó con excusa de pedir direcciones. Mientras hablaban, su mano rozó accidentalmente la curva de su cadera. Aiha sintió un escalofrío eléctrico recorrerla desde la base de la columna hasta la nuca. Intentó disimular, pero el contacto se prolongó: los dedos del extraño se deslizaron con lentitud sobre la tela de su falda, presionando suavemente los glúteos redondos y suaves. Ella se mordió el labio, las piernas temblando, mientras la multitud pasaba indiferente a su alrededor.
El hombre notó su reacción y, sin palabras, la guió hacia un callejón discreto. Allí, con la espalda apoyada en la pared fría, levantó ligeramente la falda de Aiha. Sus manos exploraron con firmeza pero sin prisa los contornos perfectos de sus glúteos, amasándolos, separándolos levemente, rozando la piel expuesta con las yemas. Cada caricia era como una descarga; Aiha jadeaba bajito, los ojos entrecerrados, el cuerpo arqueándose involuntariamente. Él introdujo los dedos con delicadeza en la entrada trasera, lubricada por su propia excitación que goteaba abundantemente, moviéndolos en círculos lentos mientras la otra mano masajeaba el interior de los muslos.
Aiha sintió cómo el placer se acumulaba en oleadas intensas. Sus caderas se movían solas, buscando más fricción contra la palma abierta que cubría sus glúteos. El hombre aceleró el ritmo, penetrándola profundamente por detrás con los dedos, mientras con la otra mano estimulaba el punto más sensible justo en la unión de los glúteos. Ella ahogó un gemido cuando el orgasmo la atravesó como un rayo: todo su cuerpo se tensó, los músculos internos contrayéndose en espasmos violentos, un chorro cálido escapando entre sus piernas mientras temblaba contra la pared. Las rodillas le flaquearon, pero él la sostuvo, continuando las caricias hasta que un segundo clímax la hizo arquear la espalda y soltar un suspiro entrecortado.
Apenas recuperada, el desconocido la giró con suavidad, colocándola de frente a él. Levantó una de sus piernas para apoyarla en su cadera, y entró en ella con un movimiento lento y profundo desde adelante, mientras sus manos seguían aferradas a los glúteos, apretándolos rítmicamente. Aiha se aferró a sus hombros, sintiendo cómo cada embestida hacía que sus caderas chocaran con fuerza, amplificando la sensibilidad. El placer era abrumador; pronto otro orgasmo la sacudió, esta vez más prolongado, haciendo que sus paredes internas se cerraran alrededor de él en pulsaciones interminables.
Horas después, sola en su pequeño apartamento, Aiha se miró al espejo, todavía sonrojada. Tocó con cuidado sus glúteos hinchados y sensibles, y sonrió tímidamente. La chica literaria había descubierto un nuevo capítulo de su vida, uno lleno de sensaciones prohibidas y éxtasis públicos que nadie más conocía. Y supo que no sería la última vez.