Kyonyuu Elf Oyako Saimin Slideshow! [Video Rip del Juego][Descarga Mega y Mediafire] Online
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Kyonyuu Elf Oyako Saimin Slideshow!
Este video es un conjunto de arte CGI estático de la novela visual "Kyonyuu Elf Oyako Saimin" Hai ...... Ningen-sama no Ochi * po o Oyako de Shabusarete Itadakimasu ...... "de Lune. Este trabajo es una rama de otro cuento visual que se lanzó en el 2020 como una adaptación hentai de anime "Kyonyuu Princess Saimin" del estudio T-Rex.
En el próspero reino de Agraliel, rodeado de densos bosques antiguos, las elfas de sangre pura vivían bajo estrictas normas ancestrales. La reina Efildis, una alta elfa de belleza imponente y formas exuberantes, gobernaba con sabiduría y poder absoluto, considerada el centro mismo del mundo élfico. Su hija, la princesa Lilia, heredera de la misma gracia etérea y curvas generosas, crecía protegida en el palacio, ajena a los deseos carnales que las leyes prohibían estrictamente. Para las elfas, longevas y nobles, la reproducción era un ritual sagrado y controlado en el Santuario de la Vida, nunca un acto de placer físico. Tocar un cuerpo desnudo o buscar éxtasis se veía como algo sucio, propio solo de bestias inferiores.
Todo cambió con la llegada de un humano llamado Ingwill, un hombre común al que las elfas despreciaban por su raza "inferior". Poseía un artefacto oscuro, otorgado por una misteriosa hechicera, que le permitía dominar mentes con hipnosis irresistible. Ingwill, resentido por el desprecio recibido, decidió usar su poder para doblegar al reino entero, empezando por la familia real.
Primero se acercó a la reina Efildis en sus aposentos privados. Con una mirada fija y palabras susurradas, implantó comandos profundos en su conciencia. La soberana, de ojos vidriosos, comenzó a sentir un calor prohibido recorriendo su cuerpo. Se arrodilló ante él sin resistencia, sus labios carnosos envolviendo con devoción su miembro erecto, succionando con lentitud reverente mientras gemía suavemente, su lengua danzando alrededor del glande hinchado. El humano la guió para que usara ambas manos, masajeando la base mientras su boca descendía hasta la garganta, tragando cada centímetro con avidez hipnótica.
Pronto trajo a la princesa Lilia al mismo lugar. Madre e hija, ahora bajo el mismo hechizo, se miraron con rostros enrojecidos de deseo forzado. Juntas se turnaron para lamer y besar su erección, sus lenguas rozándose accidentalmente mientras competían por complacerlo. Efildis, con sus pechos masivos presionados contra las piernas de Ingwill, permitió que él los apretara y pellizcara sus pezones endurecidos, haciendo que leche tibia brotara en chorros finos que él bebía directamente.
El control se extendió. En el salón del trono, la reina se sentó a horcajadas sobre él, descendiendo lentamente hasta que su interior húmedo y apretado lo envolvió por completo. Cabalgó con movimientos ondulantes, sus caderas girando en círculos amplios mientras sus senos rebotaban con violencia, golpeando contra su pecho. Lilia, a un lado, se tocaba observando, sus dedos deslizándose entre sus pliegues empapados hasta que su madre la atrajo para que lamiera donde se unían sus cuerpos.
Más tarde, en jardines ocultos, las dos elfas se colocaron una sobre la otra. Ingwill penetró primero a la hija desde atrás, sujetando sus caderas anchas mientras embestía con fuerza rítmica, haciendo que sus pechos se balancearan hacia adelante con cada impacto. La reina, debajo, besaba y lamía los pezones de su hija, recibiendo gotas de sudor y fluidos que caían. Cambiaron posiciones: ahora la madre se inclinó hacia adelante, apoyada en manos y rodillas, mientras él entraba en ella profundamente, sus nalgas temblando con cada choque. Lilia se colocó frente a su madre, abriendo las piernas para que la lengua de Efildis explorara su intimidad hinchada y palpitante.
El clímax llegó en oleadas. Ingwill eyaculó dentro de la reina, llenándola hasta que el semen rebosó y goteó por sus muslos. Luego hizo lo mismo con la princesa, marcándolas como suyas. Ambas, exhaustas y satisfechas bajo el hechizo, se abrazaron mientras él continuaba, alternando entre sus cuerpos sudorosos, cubriéndolas de semen caliente sobre pechos, rostros y vientres. El reino cayó en silencio, pero en las sombras del palacio, madre e hija seguían sirviendo a su nuevo amo, sus cuerpos respondiendo con placer incontrolable a cada orden susurrada.
La hipnosis había despertado en ellas una lujuria eterna, transformando su nobleza en sumisión absoluta.
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marzo 4, 2026