Kyou wa Yubiwa o Hazusu kara…… [02/¿?][Sin Subtítulos][Descarga Mega y Mediafire] Online

Kyou wa Yubiwa o Hazusu kara……

Shinsuke siempre había visto a Miyuki como un ideal inalcanzable. Su senpai en el trabajo, con esa sonrisa cálida y voz serena, lo había guiado desde sus primeros días como novato. Cada alabanza suya —"Sí, lo estás haciendo bien. Has crecido mucho"— le aceleraba el corazón. Ella era mayor, experimentada, y llevaba un anillo brillante en el dedo que recordaba constantemente su vida fuera de la oficina: una mujer casada, estable, intocable.
Desde que Miyuki comenzó a trabajar desde casa, las reuniones se volvieron virtuales. Shinsuke disfrutaba esos momentos, aunque fueran a través de una pantalla. Le gustaba ver el fondo de su habitación: estanterías ordenadas, una planta en la ventana, pequeños detalles de su intimidad cotidiana. Un día, al finalizar la videollamada, Miyuki olvidó cerrar la transmisión. La cámara siguió encendida.
Shinsuke se quedó congelado. En la pantalla, Miyuki se recostó en la cama, sola. Sus manos comenzaron a recorrer su propio cuerpo con lentitud. Se desabrochó la blusa, dejando que la tela cayera a los lados. Sus dedos se deslizaron bajo la falda, moviéndose con un ritmo pausado pero intenso. Respiraba profundo, los labios entreabiertos, los ojos cerrados. Se tocaba con una necesidad evidente, como si llevara mucho tiempo conteniéndose. Su cuerpo se arqueaba ligeramente, las caderas se elevaban buscando más contacto. Un gemido suave escapó de su garganta, apenas audible, pero suficiente para que Shinsuke sintiera un calor abrasador recorrerlo entero.
No pudo desconectarse. La vio llegar al clímax: el cuerpo tenso, un temblor prolongado, la mano quieta entre sus muslos mientras recuperaba el aliento. Luego, Miyuki abrió los ojos, se incorporó y finalmente cerró la llamada. Pero ya era tarde.
Esa misma tarde, Shinsuke la esperó fuera de su edificio. Cuando ella salió, la abordó con voz temblorosa. "Senpai… necesito hablar contigo. Ahora". Miyuki lo miró sorprendida, pero asintió. Minutos después, estaban en la habitación de un hotel cercano.
Apenas cerró la puerta, Shinsuke la empujó suavemente contra la pared. Sus labios buscaron los de ella con urgencia contenida durante años. Miyuki no se apartó. Al contrario, respondió con la misma hambre. Sus lenguas se encontraron, se enredaron, mientras las manos de él recorrían su cintura, subían hasta apretar sus pechos por encima de la ropa. Ella soltó un suspiro contra su boca.
Se desvistieron con prisa torpe. La camisa de Shinsuke cayó al suelo, seguida por la blusa de Miyuki. Él besó su cuello, bajó hasta los pezones endurecidos, los lamió con devoción, succionando hasta hacerla jadear. Las manos de Miyuki se aferraron a su cabello, guiándolo, pidiéndole más.
La llevó a la cama. Se colocó entre sus piernas abiertas, besando el interior de sus muslos hasta llegar al centro húmedo y caliente. Su lengua exploró cada pliegue, saboreándola con avidez. Miyuki se retorcía, las caderas se elevaban contra su boca, los gemidos se volvían más altos, más desesperados. Cuando ella alcanzó el primer orgasmo, él sintió cómo su cuerpo se convulsionaba bajo sus labios.
Shinsuke se incorporó, su miembro rígido rozando la entrada de ella. Miyuki lo miró a los ojos, asintió apenas, y él entró de una sola embestida profunda. Ambos soltaron un gemido al unísono. Comenzó a moverse dentro de ella, lento al principio, sintiendo cómo sus paredes lo apretaban, lo acogían. Luego más rápido, más fuerte, como si quisiera grabarse en su interior.
Miyuki envolvió sus piernas alrededor de su cintura, clavando los talones en su espalda, animándolo a ir más profundo. Sus uñas se hundían en sus hombros. Cambiaron de posición: ella encima, cabalgándolo con movimientos circulares de cadera, los pechos balanceándose al ritmo. Shinsuke los tomó con ambas manos, pellizcando los pezones mientras ella aceleraba.
Volvieron a cambiar. Él la puso de espaldas, entró de nuevo desde atrás, una mano en su cadera, la otra deslizándose hacia adelante para acariciar el punto sensible entre sus piernas. Miyuki gritó su nombre, empujando hacia atrás para recibir cada embestida. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, junto con sus respiraciones entrecortadas y gemidos sin control.
El clímax los alcanzó casi al mismo tiempo. Shinsuke se hundió una última vez, profundo, derramándose dentro de ella con un gruñido ronco. Miyuki se tensó alrededor de él, temblando violentamente mientras su propio orgasmo la atravesaba.
Después, quedaron tendidos, sudorosos, entrelazados. El anillo de Miyuki brillaba en la mesita de noche, donde lo había dejado al entrar. Ninguno habló. Solo respiraban, sabiendo que aquello había sido intenso, prohibido, y probablemente irrepetible. Pero en ese momento, ninguno quería pensar en el mañana.

enero 1, 2026