Maidgirl Rina asked to stay at my house [3D][Sin Censura] Online
Maidgirl Rina asked to stay at my house
Rina, la maid de curvas generosas y uniforme negro ajustado, apareció en mi puerta bajo una lluvia torrente. Su delantal blanco apenas contenía el peso de sus pechos enormes que se movían con cada temblor de frío. “Por favor, déjeme quedarme esta noche… mi departamento se inundó”, suplicó con voz suave, los ojos brillando de súplica. No pude negarme.
La invité a pasar y, agradecida, insistió en servir como siempre. Preparó la cena con movimientos delicados, inclinándose lo suficiente para que el escote dejera ver la redondez perfecta de sus senos apretados por el corsé. Cada vez que se agachaba, la falda corta subía, mostrando los muslos blancos y el liguero negro. Mi mirada no podía apartarse.
Esa noche, en la sala, Rina se arrodilló frente a mí. “Quiero agradecerle correctamente, amo…”. Sus manos temblorosas desabrocharon mi pantalón y sacó mi miembro endurecido. Lo envolvió con sus labios calientes y húmedos, succionando despacio, la lengua girando alrededor de la punta mientras sus mejillas se hundían. Subía y bajaba con ritmo perfecto, mirándome con ojos lánguidos, saliva brillando en su barbilla.
Después me empujó suavemente hacia el sofá y abrió su blusa. Sus pechos gigantes cayeron libres, pesados y suaves. Los juntó alrededor de mi erección y empezó a moverlos arriba y abajo, apretando con fuerza deliciosa. La piel sedosa rozaba cada centímetro, la punta saliendo y entrando entre ese valle cálido y mullido. Gemía bajito, disfrutando el poder que tenía sobre mí.
No pude resistir más. La tendí en el suelo, abrí sus piernas y hundí mi boca entre ellas. Lamí con avidez su sexo empapado, saboreando su dulzor mientras ella se retorcía y apretaba mi cabeza contra sí. Sus caderas se alzaban, pidiéndome más, hasta que tembló en un orgasmo largo y ruidoso.
Finalmente la penetré con fuerza, sus pechos rebotando con cada embestida. Rina gritaba de placer, envolviéndome con sus piernas, rogando que no parara. Nos corrimos juntos, ella apretándome dentro mientras su cuerpo convulsionaba.
Desde esa noche, Rina se quedó en mi casa… y en mi cama.


















