Mesu wo Karu Mura [01/¿?][Sin Subtítulos][Descarga Mega y Mediafire] Online
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Mesu wo Karu Mura
En un remoto pueblo de montaña, la joven maestra Akiko llega acompañada de sus cuatro alumnas de instituto para un viaje escolar. El lugar parece idílico, con casas antiguas y hombres de mirada pesada que las reciben con sonrisas extrañas. Apenas ponen un pie en la posada, las chicas notan que algo no cuadra: no hay mujeres a la vista, solo varones de todas las edades que las observan como si fueran presas recién cazadas.
Esa misma noche, mientras duermen, la puerta de la habitación se abre sin ruido. Los hombres del pueblo entran en silencio, con los cuerpos desnudos y erectos brillando bajo la luz de la luna. Akiko despierta primero; un pañuelo húmedo tapa su boca y, antes de poder gritar, siente cómo manos callosas le arrancan la camisola. Sus pechos grandes quedan al aire, los pezones se endurecen por el frío y el miedo. Un anciano se arrodilla entre sus piernas, separa sus muslos con fuerza y empuja su miembro grueso y venoso dentro de ella de una sola estocada. Akiko gime contra el pañuelo, el cuerpo se le arquea mientras la penetran sin piedad, el semen caliente ya chorrea por sus muslos cuando el primero termina y otro toma su lugar.
En la habitación contigua, las cuatro alumnas sufren lo mismo. La más tímida, Yumi, llora mientras tres hombres la sujetan boca abajo; uno le abre las nalgas y la atraviesa por detrás hasta el fondo, otro le mete su erección hasta la garganta, el tercero se frota su glande hinchado entre sus pechos pequeños hasta derramarse sobre su cara. Las demás chicas son levantadas, empaladas en el aire, obligadas a cabalgar sobre miembros palpitantes mientras otros las llenan por detrás al mismo tiempo. El salón de la posada se convierte en un aquelarre de jadeos, cuerpos sudorosos chocando, fluidos salpicando el tatami.
Durante días enteros no las dejan descansar. Las atan desnudas en el salón común, piernas abiertas en exhibición, y los hombres del pueblo hacen cola para usarlas una y otra vez. Akiko, con el vientre ya abultado por tanto semen acumulado, es obligada a arrodillarse y recibir carga tras carga en la boca hasta que le chorrea por la barbilla. Las alumnas, cubiertas de mordiscos y fluidos secos, aprenden a mover las caderas por instinto, sus cuerpos temblando cada vez que un nuevo miembro las atraviesa hasta el útero.
Al final del viaje, cuando las devuelven al autobús, ninguna puede caminar derecha. Tienen las entrañas inflamadas, los agujeros dilatados y goteando, los pechos marcados de chupetones. En sus ojos ya no queda inocencia: solo el brillo vacío de quienes han sido convertidas en hembras de cría del pueblo. El autobús se aleja, pero todas saben que volverán… porque el pueblo siempre necesita nuevas maestras y nuevas alumnas que cazar.
diciembre 4, 2025