KDKJ-030 Grandfather Rena Aoi [Hentai Live Action][Descarga Mega y Mediafire] Online
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KDKJ-030 Grandfather Rena Aoi
En una casa antigua rodeada de silencio y recuerdos, vivía un anciano viudo con su nieta Rena, una joven de belleza delicada, cuerpo menudo y pechos pequeños que apenas se marcaban bajo su ropa ligera. El abuelo la adoraba con una intensidad que rayaba en lo obsesivo; su amor por ella era tan profundo que no soportaba imaginarla lejos o expuesta a los peligros del mundo exterior. Cada día observaba sus movimientos en la escuela y en casa, preocupado por su inocencia adolescente que empezaba a florecer.
Una tarde soleada, solos en la sala, Rena compartió con timidez una historia de amores juveniles. Mientras hablaba, el anciano notó cómo su blusa se tensaba ligeramente sobre el pecho, revelando contornos suaves y firmes. Su mirada se quedó fija allí, incapaz de apartarse. Rena se sonrojó, pero no se cubrió; en cambio, bajó la vista con una mezcla de vergüenza y curiosidad. El aire se cargó de tensión. El abuelo extendió una mano temblorosa y rozó la tela sobre uno de sus senos, sintiendo la calidez y la suavidad debajo. Ella no retrocedió; su respiración se aceleró.
Pronto, la ropa cayó al suelo. Él la guió con gentileza al sofá, explorando su piel pálida con besos lentos y caricias que descendían por su vientre plano hasta llegar entre sus piernas. Con dedos experimentados, abrió los pliegues delicados, notando cómo se humedecía rápidamente bajo su toque. Introdujo uno, luego dos, moviéndolos en círculos suaves mientras ella gemía bajito, arqueando la espalda. Rena se mordía el labio, permitiendo que él la preparara con paciencia.
Se posicionó sobre ella, alineando su miembro endurecido con su entrada estrecha. Empujó despacio al principio, sintiendo cómo las paredes internas se abrían y lo envolvían con calidez apretada. Avanzó hasta el fondo, y ella soltó un suspiro largo. Comenzó a moverse con ritmo constante, entrando y saliendo mientras sus manos amasaban los pechos pequeños, pellizcando los pezones que se endurecían al instante. Rena respondía envolviendo sus piernas alrededor de su cintura, empujando sus caderas hacia arriba para recibirlo más profundo.
Cambió la posición: la colocó de lado, levantando una de sus piernas para penetrarla desde un ángulo nuevo, sintiendo cómo el interior se contraía con cada embestida más intensa. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con jadeos y murmullos de placer. Luego la sentó sobre él, permitiendo que ella descendiera lentamente, guiando el movimiento con sus manos en las caderas estrechas. Rena subía y bajaba, acelerando el ritmo mientras sus senos rebotaban ligeramente frente a su rostro; él los capturaba con la boca, succionando con avidez.
El clímax se acercó en oleadas. Él aceleró, hundiendo con fuerza hasta que no pudo contenerse más. Se retiró en el último instante y liberó chorros calientes sobre su vientre plano, sus pechos y su rostro sereno, cubriéndola en una capa espesa y brillante que goteaba por su piel. Rena, exhausta y satisfecha, se dejó caer a su lado, permitiendo que él la abrazara mientras el semen se secaba lentamente sobre ella.
Días después, el deseo regresó. En la cocina, en la ducha, en la cama compartida: repetían el ritual con variaciones. Él la tomaba de pie contra la pared, penetrándola desde atrás mientras sus manos recorrían su cuerpo; la colocaba boca abajo sobre la mesa, entrando con embestidas profundas que la hacían temblar; la levantaba en brazos para que se moviera sobre él, sintiendo cómo su interior lo apretaba en cada descenso. Cada encuentro terminaba con él marcándola con su esencia, derramándose abundantemente sobre su rostro, torso y muslos, dejando huellas de su pasión en su piel joven.
Con el tiempo, Rena se volvió adicta a esa intimidad prohibida y tierna. El abuelo, en su devoción, la convertía en el centro de su mundo, explorando cada rincón de su cuerpo con devoción infinita, llenándola de placer y de su semilla una y otra vez en la quietud de su hogar, donde el amor y el deseo se fundían sin límites ni juicios.
febrero 20, 2026