NSODN-006 That Day, With My Father Who Abandoned Me [Hentai Live Action][Sin Censura][Descarga Mega y Mediafire] Online
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NSODN-006 That Day, With My Father Who Abandoned Me. [Exclusive Coverage] A Brutal Documentary That Begins With A Reunion After 15 Years.
Suzuki, una joven universitaria de 20 años con un cuerpo voluptuoso y curvas generosas, había crecido con el vacío dejado por su padre, quien la abandonó cuando era pequeña. Tras 15 años sin verse, impulsada por un mezcla de curiosidad y resentimiento, decidió buscarlo. Llevaba un almuerzo casero comprado con su dinero de medio tiempo, esperando un reencuentro emotivo. Al llegar a su modesta casa, él la recibió con frialdad, sin abrazos ni lágrimas. En cambio, sus ojos recorrieron su figura con una mirada codiciosa.
La conversación empezó tensa. Él se quejó de su vida dura, de deudas y soledad. Suzuki, preocupada por su salud, le ofreció ayuda. Pero pronto, él cambió. Le quitó la cartera disimuladamente y sacó el dinero. "Necesito esto más que tú", dijo sin remordimientos. Ella se quedó atónita, pero no protestó. Recordaba vagamente baños compartidos de niña, donde él la había guiado a tocar su miembro erecto, diciéndole que era normal entre familia.
Esa noche, él insistió en que se quedara. Bebieron sake, y el alcohol soltó sus inhibiciones. Él comenzó a tocarla, manos ásperas sobre sus pechos grandes y firmes, apretándolos con fuerza mientras murmuraba que tenía un cuerpo perfecto para ganar dinero. Suzuki se resistió al principio, lágrimas en los ojos, pero él la convenció con palabras manipuladoras: "Eres mi hija, esto queda entre nosotros". La besó con avidez, lengua invadiendo su boca, mientras le quitaba la ropa.
Desnuda, su piel suave contrastaba con la rudeza de él. La tumbó en el futón, lamiendo su cuello, bajando a sus pezones endurecidos, chupándolos con hambre hasta hacerla gemir involuntariamente. Sus dedos exploraron entre sus piernas, encontrando su zona íntima húmeda a pesar de todo. La penetró con los dedos, moviéndolos rápido, preparándola. Luego, se posicionó sobre ella, su miembro rígido y venoso presionando contra su entrada.
Entró de un empujón profundo, llenándola por completo. Suzuki jadeó, sintiendo una mezcla de dolor y placer prohibido. Él embestía con fuerza, ritmo salvaje, agarrando sus caderas para ir más hondo. Sus pechos rebotaban con cada choque, y él los amasaba mientras la follaba sin piedad. Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo, sus movimientos torpes al principio pero ganando intensidad, sintiendo cómo su miembro rozaba puntos sensibles dentro de ella.
Él la volteó, tomándola por detrás, manos en sus nalgas redondas, penetrándola con más profundidad. El sudor cubría sus cuerpos, gemidos llenaban la habitación. La hizo oral, guiando su cabeza para que lo chupara, lengua rodeando la punta, succionando hasta el fondo. Finalmente, aceleró, eyaculando dentro de ella en chorros calientes, marcándola.
Al día siguiente, el encuentro se repitió. Él la usaba cuando quería, explorando su cuerpo en sesiones largas: masturbación mutua, posiciones variadas, orgasmos intensos que la dejaban temblando. Suzuki, atrapada en emociones confusas, se entregaba cada vez más, su humedad traicionándola. El documental capturaba todo: la manipulación inicial, la pasión cruda, los fluidos mezclados, los cuerpos entrelazados en un frenesí erótico sin límites.
Días después, en un hotel para más privacidad, él la ataba juguetonamente, lamiendo cada rincón de su intimidad hasta hacerla gritar de placer. Ella respondía chupándolo con avidez, tragando su semen. Penetraciones anales experimentales, lubricadas y lentas al inicio, luego intensas. Orgasmos múltiples, squirt en momentos de éxtasis. Sus pechos cubiertos de saliva y semen, marcas de besos en la piel.
La relación se volvió adictiva, un torbellino de deseo prohibido. Él la dominaba, ella se sometía y disfrutaba. Cámaras ocultas registraban cada detalle explícito: penetraciones cercanas, fluidos goteando, expresiones de placer puro. Al final, exhaustos, yacían juntos, cuerpos pegados, sabiendo que ese reencuentro había despertado algo irreversible.
enero 3, 2026