SDMU-942 Every Day Is A Mischievous Day Cum Swallowing Facial Cum [Hentai Live Action][Descarga Mega y Mediafire] Online

SDMU-942 Every Day Is A Mischievous Day Cum Swallowing Facial Cum Shot Urination Loss Of Virginity Uncle Taught All.A 30-day Fucking That Tricked A Girl, Invaded The Girl's House And Continued To Prank The Girl

El tío apareció esa tarde con una enorme caja envuelta en papel de regalo. Ruru abrió la puerta de su habitación y se quedó boquiabierta al ver la silueta gigantesca del oso de peluche que entró tambaleándose, casi rozando el techo con las orejas redondas. El disfraz era absurdamente grande, de un marrón cálido y suave, con patas enormes y un hocico negro que ocultaba por completo el rostro del hombre. Solo sus ojos brillaban a través de las ranuras, oscuros y llenos de intención.
—Hoy la lección será especial, pequeña —gruñó la voz grave desde dentro del oso—. Vas a aprender a disfrutar incluso cuando parezca un juego de niños.
Ruru retrocedió hasta la cama, el corazón latiéndole con fuerza. El oso gigante cerró la puerta con una pata y avanzó pesadamente. El peluche crujía con cada movimiento. La levantó sin esfuerzo, apretándola contra su pecho mullido y caliente. A través de la tela gruesa sentía el calor del cuerpo del tío y algo duro que palpitaba contra su vientre. Sus manos pequeñas se hundieron en el pelaje suave mientras el oso la tumbaba de espaldas sobre las sábanas.
Con las patas enormes separó sus piernas. El hocico de peluche bajó hasta su cuello, rozando la piel sensible. Una de las manos enguantadas subió el camisón hasta la cintura y los dedos del tío comenzaron a acariciar los pliegues húmedos que ya se abrían para él. Ruru jadeaba, sintiendo la textura extraña del peluche contra sus muslos desnudos. El oso abrió una cremallera oculta en la entrepierna del traje y su miembro erecto surgió, caliente y grueso, contrastando con toda esa suavidad esponjosa.
Lo frotó lentamente contra la entrada mojada de la chica, cubriéndolo de sus jugos brillantes antes de empujar con una embestida profunda. Ruru soltó un gemido ahogado cuando sintió cómo su interior se estiraba para recibirlo. El peso del disfraz la aplastaba contra el colchón mientras el oso empezaba a moverse con golpes largos y poderosos. Cada vez que entraba hasta el fondo, el peluche amortiguaba el impacto, pero la dureza que la llenaba era implacable.
El tío la tomó en varias posiciones esa tarde. Primero con las piernas de Ruru abiertas y elevadas, sosteniéndola por las rodillas con las patas gigantes mientras entraba y salía sin descanso. Luego la giró, colocándola de rodillas sobre la cama, el pecho apoyado en las sábanas y las caderas levantadas. El oso se posicionó detrás, el peluche rozando su espalda mientras la penetraba desde atrás con movimientos rápidos y profundos. Sus caderas chocaban contra ella en un ritmo constante que hacía temblar todo su cuerpo. El hocico de peluche se inclinaba sobre su nuca, mordisqueando suavemente su piel.
En un momento, el oso la levantó en brazos como si fuera una muñeca. Ruru rodeó la cintura del disfraz con las piernas mientras él la bajaba lentamente sobre su miembro, empalándola por completo. La mecía arriba y abajo, usando su propio peso para hacer las penetraciones más intensas. Ella gemía contra el peluche, sintiendo cada centímetro entrar y salir, rozando puntos que la hacían arquear la espalda.
Cada vez que estaba cerca del final, el tío aceleraba el ritmo, gruñendo como un animal dentro del traje. Al llegar al clímax, retiraba su miembro y apuntaba directamente al rostro de Ruru. Chorros espesos y calientes salían en abundancia, pintando sus mejillas, sus labios y sus párpados con semen blanco y pegajoso. Algunas gotas caían sobre el peluche del oso, dejando manchas húmedas en el disfraz. Ruru abría la boca y tragaba todo lo que podía, lamiendo los restos que resbalaban por su cara mientras el oso la observaba con satisfacción.
Pero el juego no terminaba ahí. En una de las pausas, mientras ella seguía arrodillada frente al oso gigante, el tío liberó un chorro dorado y tibio que salía desde la entrepierna del disfraz. El líquido caliente cayó sobre el pecho de Ruru, bajando por su vientre y mojando sus muslos, mezclándose con el sudor y los fluidos del encuentro. Ella temblaba, excitada por la sensación extraña de ser marcada de esa manera por el oso de peluche.
Durante más de una hora el tío la tomó varias veces más, siempre dentro del traje enorme. El contraste entre la suavidad esponjosa del peluche y la dureza con la que la penetraba la volvía loca de placer. La colocaba de pie contra la pared, el oso presionándola desde atrás mientras entraba con fuerza. La tumbaba de lado, levantando una de sus piernas para penetrarla más profundamente. En cada posición el peluche rozaba su piel, el hocico le mordisqueaba los hombros y las patas enormes la sujetaban con firmeza.
Al terminar la tarde, Ruru quedó exhausta sobre la cama, el cuerpo cubierto de semen, sudor y restos dorados. El oso gigante se inclinó sobre ella y le susurró con voz ronca a través del hocico:
—Mañana volveré con otro disfraz… o tal vez repitamos este. ¿Quieres seguir aprendiendo, pequeña?
Ruru, con los labios hinchados, la cara brillante de fluidos y la mirada vidriosa de placer, solo pudo asentir débilmente. Su cuerpo ya no le pertenecía del todo. Cada día esperaba con ansiedad la llegada del tío y sus lecciones cada vez más extrañas y profundas. El oso de peluche se convirtió en uno de sus recuerdos favoritos: la forma en que el peluche suave contrastaba con las embestidas brutales, la manera en que el disfraz ocultaba al hombre que la llenaba una y otra vez hasta dejarla temblando y llena de su esencia.
Desde ese día, cada vez que veía un oso de peluche en cualquier lugar, un calor húmedo se instalaba entre sus piernas. Sabía que el juego continuaba y que su tío, disfrazado o no, seguiría enseñándole todos los placeres prohibidos que su cuerpo podía soportar.

marzo 25, 2026