[Pixiv] Rinhee Arknights – Yvonne [3D][Sin Censura] Online

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[Pixiv] Rinhee Arknights – Yvonne

[Pixiv] Rinhee Arknights – Yvonne es un nuevo live 2D de Rinhee, lanzado en febrero de 2026. Como de costumbre, publica videos a principios de cada mes como agradecimiento a sus fieles suscriptores. En esta ocasión, la comunidad y Rinhee eligieron a Yvonne, una heroína del videojuego Arknights.

Yvonne, de Arknights: Endfield, es una Cryo Striker de 6 estrellas, descrita como una científica elegante, rebelde y con estilo de la División de Especialistas Técnicos. Se distingue por su apariencia moderna y única: cuernos estilizados, cola y uñas pintadas, a menudo en colores brillantes y contrastantes, que resaltan su estilo enérgico con una estética industrial.

En la penumbra del laboratorio abandonado de la base, el aire cargado de ozono y deseo, Yvonne yacía completamente desnuda sobre la fría superficie metálica de la mesa experimental. Su piel pálida brillaba bajo la luz tenue de los monitores en standby, el cabello rosado desparramado como un halo alrededor de su cabeza. Sus formas voluptuosas se exhibían sin pudor: los pechos enormes y redondos se elevaban con cada respiración agitada, los pezones endurecidos apuntando al techo.
Un hombre sin rostro, solo una silueta alta y musculosa envuelta en sombras, se posicionó entre sus muslos abiertos. Sin preámbulos, alineó su miembro grueso y oscuro contra la entrada húmeda y rosada de ella. Con un empujón firme y lento, la penetró hasta la raíz. Yvonne soltó un gemido largo y entrecortado, sus manos aferrándose al borde de la mesa mientras su cuerpo se arqueaba hacia arriba. Cada embestida profunda hacía que sus pechos masivos rebotaran con violencia, ondulando hipnóticamente arriba y abajo, golpeando contra su esternón con un sonido suave y rítmico. Ella jadeaba, los ojos entrecerrados de puro placer, mordiéndose el labio inferior mientras sentía cómo esa longitud caliente la llenaba por completo, rozando cada rincón sensible de su interior.
El ritmo se volvió implacable. Él la sujetaba por las caderas anchas, clavando los dedos en la carne suave, atrayéndola contra sí con cada movimiento. Yvonne gemía sin control, un coro de sonidos entrecortados que resonaban en las paredes metálicas: “Ah… sí… más profundo…”. Su cuerpo temblaba, las paredes internas contrayéndose alrededor de la intrusión gruesa, lubricándola aún más con cada retirada y entrada. El placer la recorría en oleadas, haciendo que sus piernas se abrieran más instintivamente, invitándolo a hundirse hasta el fondo.
Entonces él la giró con cuidado pero con firmeza. Ahora Yvonne quedaba boca arriba, las piernas levantadas y ampliamente separadas, sostenidas por unas manos fuertes que las mantenían en alto. Su trasero grande y redondo se elevaba del borde de la mesa, ofreciéndose por completo. Bajo esa posición expuesta, la vista era obscena y fascinante: el miembro oscuro, brillante por los fluidos de ella, se hundía lentamente en su intimidad rosada y dilatada. Centímetro a centímetro desaparecía dentro, estirándola al máximo, hasta que las caderas de él chocaban contra las nalgas suaves y carnosas, produciendo un sonido húmedo y profundo.
Yvonne echó la cabeza hacia atrás, un grito ahogado escapando de su garganta mientras sentía cómo la llenaba hasta el límite. Sus pechos seguían bamboleándose con cada embestida brutal, los pezones rozando el aire frío. Él aceleró, golpeando con fuerza precisa contra el punto más sensible de su interior. Ella se retorcía, las uñas arañando la superficie metálica, el placer acumulándose en su bajo vientre como una tormenta a punto de estallar.
El orgasmo la alcanzó de golpe. Su cuerpo se tensó, las piernas temblando en el aire, un chorro caliente escapando alrededor del miembro que seguía moviéndose dentro de ella. Yvonne gritó su éxtasis, las contracciones rítmicas apretando con fuerza alrededor de la longitud oscura que la invadía. Él gruñó, empujando unas últimas veces más, profundo y lento, antes de retirarse justo en el clímax. Chorros espesos y calientes cayeron sobre su vientre plano, sus pechos temblorosos y el monte depilado, marcándola con su esencia mientras ella jadeaba, todavía estremecida por las réplicas del placer.