El matrimonio de Karen llevaba tiempo sin intimidad. La rutina, el cansancio y la distancia habían apagado su vida sexual… hasta que, una noche, él decide acercarse a ella con más cariño de lo habitual. Karen, al principio tímida, se deja llevar, y pronto ambos redescubren ese deseo que creían olvidado.
Cuando finalmente se tocan, la chispa estalla: sus cuerpos encajan a la perfección, como si hubieran estado esperando este momento durante meses. Los besos se vuelven intensos, las caricias ardientes y, cuando él la penetra, Karen gime con placer puro, sintiendo cómo cada embestida revive su pasión. La conexión física es tan intensa que no pueden detenerse.
Entre jadeos, ambos se confiesan que se habían olvidado de lo bien que podían hacer el amor… y que no quieren volver a dejar pasar tanto tiempo sin tocarse.
