- Boku wa Chiisana Succubus no Shimobe
Shogo Miyazaki había tocado fondo. Tras confesar su amor a la chica del trabajo a tiempo parcial y recibir un rechazo frío, se hundió en una espiral de botellas vacías y días enteros tumbado en la cama de su apartamento oscuro y desordenado. El alcohol le nublaba la mente, pero por las noches algo lo visitaba: una presencia dulce, insistente, que en sus sueños lo envolvía con caricias suaves y lo llevaba a un placer que borraba temporalmente el vacío.
Una madrugada, cuando el sol apenas se filtraba por las cortinas raídas, Shogo abrió los ojos y allí estaba ella. Una figura menuda de cabellos dorados brillantes, piel pálida como la porcelana y ojos rosados que brillaban con malicia juguetona. Se llamaba Lilith Stella, una súcubo de linaje puro, descendiente directa de la legendaria Lilith. Su cuerpo era delicado, con curvas apenas insinuadas, pechos pequeños y firmes que se movían al ritmo de su respiración agitada, y unas alas diminutas que temblaban de anticipación. Había estado alimentándose de su tristeza y de su deseo en el mundo de los sueños, pero ahora quería más. Quería sentirlo en la realidad.
—Eres mío ahora —susurró con voz infantil y seductora, subiéndose a horcajadas sobre él sin pedir permiso. Sus manos pequeñas recorrieron el pecho de Shogo, bajando lentamente hasta rodear su miembro endurecido. Lo acarició con dedos expertos, apretando justo lo necesario para arrancarle un gemido ronco. Lilith sonrió, revelando colmillitos afilados, y se inclinó para lamer la punta con la lengua caliente y húmeda, girando alrededor antes de introducirla poco a poco en su boca. Chupaba con avidez, succionando profundamente mientras sus mejillas se hundían, saboreando cada gota que escapaba. Shogo arqueaba la espalda, las manos aferradas a las sábanas, perdido en la calidez apretada de esa boca que lo devoraba con hambre insaciable.
Cuando estuvo a punto de derramarse, Lilith se apartó con un pop húmedo y se posicionó encima de él. Con un movimiento lento y deliberado, guio su erección hacia su entrada estrecha y resbaladiza. Bajó centímetro a centímetro, sintiendo cómo la llenaba por completo. Un suspiro de placer escapó de sus labios mientras empezaba a moverse, balanceando las caderas en círculos suaves al principio, luego más rápidos y profundos. Sus paredes internas lo apretaban rítmicamente, ordeñándolo con cada subida y bajada. Los sonidos húmedos llenaban la habitación: el choque suave de piel contra piel, los gemidos ahogados de ambos.
Lilith se inclinó hacia adelante, sus pechos pequeños rozando el torso de Shogo, y lo besó con lengua juguetona mientras aceleraba el ritmo. —Dame todo tu deseo… aliméntame —jadeó contra su boca. Shogo la sujetó por las caderas finas, empujando hacia arriba para encontrarse con cada descenso, penetrándola más hondo. El placer crecía como una ola imparable. Ella arqueó la espalda, sus alas batiendo levemente, y contrajo los músculos internos con fuerza, exprimiéndolo hasta que Shogo no pudo más. Con un gruñido profundo se vació dentro de ella, chorros calientes y abundantes que Lilith absorbió con deleite, su cuerpo temblando en un orgasmo propio que la hizo apretar aún más.
Pero no fue suficiente. La súcubo se levantó solo para girarse y volver a descender, esta vez de espaldas a él, ofreciéndole una vista perfecta de su espalda curvada y sus nalgas redondas moviéndose arriba y abajo. Shogo observaba hipnotizado cómo su miembro desaparecía una y otra vez en esa calidez apretada y mojada. Lilith giraba la cabeza para mirarlo con ojos entrecerrados de lujuria, acelerando hasta que el colchón crujía bajo ellos.
Durante horas, la habitación se convirtió en un nido de pasión sin fin. Lilith lo montó en diferentes ritmos: lento y tortuoso para prolongar el placer, rápido y salvaje cuando el hambre la dominaba. En un momento lo empujó contra la cama y se sentó sobre su rostro, frotando su intimidad húmeda contra la boca y la lengua de Shogo, que lamía y succionaba con desesperación mientras ella se retorcía de gusto. Luego lo hizo tumbarse de lado, levantando una de sus piernas para penetrarla desde atrás, entrando y saliendo con embestidas profundas que hacían que sus cuerpos se pegaran sudorosos.
Cada liberación de Shogo era devorada por la magia de Lilith, que brillaba con más intensidad después de cada descarga. Ella lo trataba con cariño extraño, como a una mascota valiosa: le acariciaba el cabello mientras descansaban brevemente, le ofrecía besos suaves en el cuello y le susurraba promesas de más placer a cambio de su obediencia total. “Serás mi sirviente perfecto… y yo te daré todo lo que tu corazón roto necesita”, murmuraba mientras lo masturbaba con la mano hasta endurecerlo de nuevo.
Al caer la tarde, Shogo ya no recordaba el rechazo ni la soledad. Solo existía el cuerpo pequeño y adictivo de Lilith, sus gemidos agudos cuando alcanzaba el clímax, la forma en que su interior palpitaba alrededor de él, ordeñando hasta la última gota. Ella se alimentaba no solo de su esencia física, sino de la energía renovada que nacía del deseo compartido. Y cuando finalmente se acurrucó contra su pecho, exhausta y satisfecha, una sonrisa traviesa curvó sus labios.
—Esto es solo el comienzo, mi querido sirviente. Mañana volveré… y cada noche te haré mío de formas que ni imaginas.
Shogo, con el cuerpo marcado por mordiscos suaves y el alma llena de un fuego nuevo, solo pudo asentir. Había pasado de ser un hombre roto a convertirse en el esclavo voluntario de una súcubo diminuta que lo consumía con pasión desbordante y lo hacía sentir vivo como nunca. La vida real había superado con creces los sueños, y ahora su existencia giraba en torno a satisfacer cada capricho carnal de su pequeña ama.- Toca aquí para leer su doujinshi sin censura y en inglés: Boku Wa Chiisana Succubus No Shimobe [Doujinshi]
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