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サフェル

En la tranquila oficina después del horario laboral, solo quedaba el suave zumbido de los ventiladores y la luz tenue de una lámpara de escritorio. Saphir aún permanecía ordenando los últimos documentos cuando su jefe, un hombre de presencia imponente y manos grandes, entró sin previo aviso. La miró con esa intensidad que siempre la descolocaba, y sin mediar palabra se acercó por detrás.

La tomó por la cintura con firmeza, pegando su cuerpo al de ella. Sofía sintió el calor inmediato de su erección presionando contra su falda. No hubo resistencia; solo un suspiro entrecortado cuando él deslizó la mano bajo su blusa y comenzó a acariciar sus pechos con movimientos lentos y posesivos. Los pezones se endurecieron al instante bajo sus dedos expertos.

La inclinó hacia adelante hasta que sus manos quedaron apoyadas sobre la superficie de madera del escritorio. Con un movimiento decidido, levantó la falda hasta la cintura, apartó la delicada ropa interior a un lado y, sin más preámbulos, la penetró profundamente desde atrás. Sofía dejó escapar un gemido largo y ronco mientras sentía cómo él la llenaba por completo, entrando y saliendo con un ritmo pausado pero implacable. Cada embestida hacía que sus caderas chocaran contra el borde del escritorio, produciendo pequeños golpes rítmicos que resonaban en la habitación vacía.

Él aumentó la velocidad, sujetándola por las caderas con fuerza. Luego, con un gesto fluido, levantó una de sus piernas y la apoyó sobre el escritorio, abriéndola aún más. La nueva posición permitió que entrara más profundo, llegando a lugares que la hicieron arquear la espalda y apretar los dientes para no gritar demasiado alto. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando se mezclaba con la respiración agitada de ambos.

Después de varios minutos en esa postura dominante, él se sentó en la silla giratoria y la atrajo hacia sí. Sofía, con las mejillas encendidas y el cabello desordenado, se colocó a horcajadas sobre él. Bajó lentamente, sintiendo cómo la gruesa erección la abría de nuevo mientras se acomodaba por completo. Comenzó a moverse arriba y abajo, primero con movimientos suaves y circulares, luego ganando velocidad y fuerza. Sus manos se apoyaban en los hombros anchos de él mientras subía y bajaba con decisión, apretando los músculos internos cada vez que llegaba al fondo.

Él le sujetó las nalgas con ambas manos, ayudándola a marcar el ritmo, a veces levantándola casi por completo para luego dejarla caer con fuerza. Sofía echó la cabeza hacia atrás, los labios entreabiertos, dejando escapar jadeos cada vez más intensos. El escritorio a su lado temblaba ligeramente con el vaivén de sus cuerpos unidos.

El clímax llegó casi simultáneamente. Ella se tensó entera, temblando sobre él mientras oleadas de placer la recorrían de pies a cabeza. Él la abrazó con fuerza contra su pecho, gruñendo contra su cuello mientras se derramaba dentro de ella en pulsaciones calientes y abundantes.

Permanecieron así varios minutos, respirando con dificultad, todavía conectados, mientras el silencio volvía lentamente a la oficina. Solo el latido acelerado de sus corazones y el leve aroma a sexo flotando en el aire recordaban lo que acababa de suceder sobre ese mismo escritorio donde, al día siguiente, volverían a firmar documentos como si nada hubiera pasado.

enero 12, 2026